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sábado, 18 de mayo de 2013

MUCHAS GRACIAS FRANCISCO


Hace unos días hice la segunda presentación en Madrid y conté como presentador  con la ayuda del excelente escritor y amigo Francisco Legaz. Aqui les dejo sus palabras. 

Leyendo a Juan Patricio se percibe inmediatamente en él el sentimiento de mexicanidad. Ese ser mexicano que seguramente es percibido desde aquí parcialmente porque en México existe una gran transculturización entre los muchos grupos que existe allí. Y Lombera se viene aquí, al extranjero, y se pone a escribir y resulta del todo creíble. Las culturas, como organismos vivos, se desplazan y se mezclan constantemente, estableciendo relaciones simbióticas. En realidad no existen fronteras…, salvo el rio Bravo y dos o tres más. Juan Patricio afianza su mexicanidad relatando vivencias desde un espacio ignorado dentro del contexto hegemónico, reivindica a unas voces íntimas y algunas veces, casi siempre, marginadas o marginales.
Dijo emerson que…. el hombre no es más que la mitad de sí mismo, la otra mitad es su expresión. Esto se cumple a la perfección leyendo a Lombera….,creo que ahora le conozco mucho más.
Patricio abre el libro con un relato, El asalto, la humillación y la venganza que en parte da título al libro. Aparentemente un tópico de la imaginación másculinaque la mujer domina al hombre, al macho, de una manera sádica y poco corriente,  acostumbrados como estamos a ser dominados por las mujeres de maneras más sutiles. El fin del sadismo es convertir a un ser en una cosa, algo animado en algo inanimado, ya que mediante el control completo y absoluto el vivir pierde su cualidad esencial: la libertad. Y lo curioso es que Pancho, el protagonista, disfruta de este dulce cautiverio. Parece que a los hombres en el fondo nos gusta la prisión de amor. Pero no… esto es solo el comienzo.
Sigue el libro navegando por la imaginación del lector y pasa ahora, en Tiempo prestado, por el mundo de la adicción al alcohol, quizás importada de México. Hablamos de tequilas… por eso lo de la importación.
En El libertador encadenado se inicia el relato con una frase de uno de mis escritores míticos favoritos Fernando Pessoa: “¿Cómo subyugar el dinero, combatiéndolo? ¿Cómo hurtarme a su influencia y tiranía sin evitar su encuentro? El procedimiento era sólo uno: adquirirlo […]; y cuanta más cantidad adquiriese tanto más libre estaría de esa influencia. (Fernando Pessoa, El banquero anarquista). Ahora le toca al dinero ganado gracias al azar. El dinero azaroso, llovido del cielo que cae por la chimenea y que normalmente es malgastado, derrocado y perdido en el juego. En este caso el dinero sirve para otra cosa. Por cierto en este relato quiero regañar a Juan Patricio porque se atreve a nombrar la noble profesión de la enfermería (Francisco Legaz es enfermero, amén de un excelente escritor) para decir torpezas de las enfermeras. Casi cierro en esa página el libro jajajajaja.
La muerte solo coge tres veces es el siguiente relato. La palabra coger está claramente cargada de su acepción sexual de latinoamerica. En este relato en el que se trata del tema de la muerte que también aparece en otros. Queda claro que la literatura no da soluciones, ni fórmulas, sino compañía para vivir. Juan Patricio transforma a la muerte, que es  el no y la negación absoluta, en una presencia atractiva. Octavio paz, dice en alguna parte que: “la literatura, la poesía, debe enfrentarse a la muerte y ser una respuesta a la muerte”, Lombera lo hace así. Luego aparece el tema del juego en El jugador redimido.
En este momento, os pido que prestéis atención a la sucesión de asuntos. El varón cazado y domado, el alcoholismo, el dinero, la muerte… Eros, tanatos, tedio, angustia, dolor, el cuerpo, lo neutro, lo vivo, la propia existencia, la incomunicación social son las constantes en esta narrativa. No son temas sencillos y están muy tratados ya en la literatura, pero Lombera les da su toque original y espontáneo que podríamos calificar con el adjetivo de fresco. Después vienen dos relatos que parecen o son autobiográficos. Viaje por el mar amargo y  El superviviente. Ahi queda eso, la autobiografía novelada.
En El último refugio la cosa va de sueños. ¿Quién se atreve con los sueños después de aquel asunto antiguo de principios del siglo XX llamado psicoanálisis. Pues también en esto sale airoso. Mejor dicho, muy airoso. Me recuerda la frase de Kafka que lo sueños rebelan la realidad. ¿Qué es la realidad? ¿Es real la realidad? O, ¿son los sueños nuestra auténtica consciencia. Sin embargo, estos sueños estimulantes no llegan solos. En la página 137 se menciona ”No te creas. No bebo ni fumo, pero sí consumo antidepresivos y somníferos, y también me he dado cuenta de que cuando mezclo te encuentro…” Y yo me pregunto, ¿quién no mezcla?
Todosantos es el siguiente relato. Nos habla de un país en sangre, de paredones, de amores perdidos, de historias que resucitan en la memoria. Como dijo el maestro Borges: “Le tocaron, como a todos, malos tiempos en los que vivir.”
El último relato Reflexiones en horas de trabajo son la guinda de un suculento pastel. ¿Quién no reflexiona en el trabajo? Yo pienso en mis cosas, en mis asuntos mientras trabajo. Hasta Freud lo hacía y el geta lo llamaba atención flotante. Se justificaba diciendo que trabajaba muchas horas y que tenía que pensar en sus asuntos mientras los pacientes le contaban vaya ud a saber.
Termino ya. El asalto y la venganza es un libro necesario, se nota que j.p. tuvo necesidad de escribirlo y lo hizo. Decía Rilke que…. una obra de arte es buena cuando nace de una necesidad y creo que es el caso de este libro. me ha gustado mucho este libro, porque en él he visto claro que la literatura está mucho más allá de la palabra,de la pequeña miseria o la pequeña ternura. La literatura es un acto de amor que crea presencia y los personajes de juan patricio, me han acompañado  y van a estar en mi imaginación unos días, jugando conmigo, presentes en mí como si me los hubieran inoculado, revelándome aspectos de la realidad que no son visibles.
No sé quien dijo que: “todo árbol termina en un pájaro extasiado”. En este caso, en el árbol de este libro, al final, soy yo el que ha quedado extasiado.

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